¿De qué me sirvió amarte? ¿De qué me sirvió abrazarte? ¿De qué me sirvió besarte? ¿De qué me sirvió acariciarte? ¿De qué me sirvió extrañarte? Con lágrimas rodando por mis mejillas, y un gran dolor en mi corazón, acepto que lo nuestro ha llegado a su final, porque así lo quisiste tú. De mi parte, yo, nunca quise que lo nuestro terminara. Entiendo que ya no estaremos juntos, comprendo que tomaremos rumbos distintos. Ya no habrá llamadas que realizar. Ya no habrá mensajes que mandar. Ya no habrá nada que celebrar. Ya no habrá nada que regalar. Ya no habrá nada que dedicar. Ya no habrá nada que escribir. Ya no habrá nada que decir.
