Y después de un momento a otro, después de haber dicho que él ya era pasado, que no sentías nada, que ustedes jamás existieron, porque jamás hubo nada, porque él solo te mintió y tú solo le creíste, después de engañarte a ti misma y jurar ante todos que él ya solo es pasado.
Es más, que él jamás fue tú presente, después de haber dejado amistades, de haber fingido molestias, de aparentar ser feliz, después de todo eso, sabes que con tan solo volverlo a mencionar tu mente vuelve a recordar que solo él te pudo hacer feliz. Que con él no necesitabas paseos, regalos, sorpresas, poemas o cartas, que solo bastaba con tenerlo rodeado en tus brazos.
Solo necesitabas un beso para sentirte segura, una sonrisa para sentirte en paz, un simple te quiero para sentir que todo valía la pena, entonces ahí te das cuenta de que nada ha cambiado, que solo se han distanciado porque tú ya no quieres seguir sufriendo, porque a pesar de que con él eras feliz, siempre hubo algo que te hacía pensar que ya era suficiente.
Pero aún después de pensar en todo lo malo, en lo que te conviene, en lo mal que él se portó, aun así te quedaba la esperanza de que todo cambiara, que él llegara, te mirara a los ojos, te abrazara como si realmente te hubiese extrañado, como si jamás quisiera perderte de nuevo, te toma de la mano, te lleva a la pista y comienza a sonar aquella canción que jamás te dedicó.
Entonces tú ya no piensas en nada malo, solo te vuelves a dejar llevar, dejas que él guíe tus pasos, levantas la mirada y te das cuenta de que jamás quisiste bailar con nadie más que no fuera él, tus ojos se cristalizan, lanzas un suspiro y él lo detiene con un beso, dejándote cada vez más sin aire, y después, solo después, termina la canción, vuelves a la realidad. Pero está vez sabes que no puedes escapar de nuevo, ya no puedes mentir ni aparentar nada, porque ya todos se habrán dado cuenta de que tú, de que tú sigues enamorada.
