En un día de esos en los que no sabes por qué te pasan cosas, por qué a la gente que te hace daño le sigue yendo bien y me atrevería a decir que cada día mejor. En qué momento las personas con las que empezaste partieron y te adelantaron kilómetros de desarrollo, tienen cosas que uno siempre aspira a tener y que cada día parece más lejano.
Hoy es un día de esos en que lo único que quieres escuchar son respuestas a tus plegarias, a tus preguntas y a tus dudas que no dejan de dar vueltas en tu cabeza, y es que hoy es uno de esos días. Nada parece tener sentido, el tiempo sigue avanzando y tú sigues atrapado en él sin poder moverte, sin avanzar, estático.
Por momentos, el viento parece rozar tu piel y sientes que te mueves, pero luego te das cuenta de que no, que todo sigue igual y la realidad golpea una y otra vez, pero cada vez con más fuerza y es cuando la pregunta regresa a tu cabeza: ¿por qué yo? ¿Qué hice mal? ¿A quién dañé?
La respuesta de tu cuerpo, ya sin control de ti, es llorar, la respuesta es rezar, la respuesta es imaginar, la respuesta es distraer tu mente, tratar de olvidar, pero la realidad no te deja, no te deja y ya no quieres comer, ya no quieres salir, ya no quieres que te vean y buscas aislarte porque tienes vergüenza de ti, de lo que eres ahora, de lo que otros tienen y lo lejos que estás de tenerlo.
La parte más difícil de todo es cuando te das cuenta de que nadie entiende lo que pasas, lo que sientes, la vergüenza que tienes contigo, el dolor que te atormenta, la frustración que tienes que esconder porque crees que exteriorizar las cosas solo hará que éstas empeoren y entonces tu entorno cree que estás bien, que estás tranquila, y en su afán por ayudarte terminan lastimándote más, diciéndote en voz alta lo que tú no dejas de repetir en tu mente y tanto quieres callar.
Otra vez quieres llorar, otra vez te sientes mal porque si hay algo de lo que no puedes huir es del escenario en el que te encuentras, el mismo que cada mañana te dice que todo sigue igual, tú sigues siendo la estatua de tu vida, del destino que pensaste tener, de lo que quisiste ser, una figura que se quedó congelado en el tiempo del futuro que imaginaste tener.
Pero es entonces cuando una luz, la misma que cada día te da la suficiente fuerza para desear seguir levantándote cada día aparece y te da una pequeña ilusión, aquella que a los días te destruye pero te sirve durante el tiempo que dure para alimentar una esperanza de creer que ya vendrá algo mejor, la razón por la cual te pasa lo que te pasa, que el aprendizaje ya terminó y que te va tocar seguir y volver que tener la esperanza de ser lo que siempre quisiste, que todavía puedes serlo y que por más que no te mueves, todavía puedes serlo.
La esperanza, qué seríamos sin ella, sin ese motivo, sin esa energía que te hace respirar y seguir soñando que algún terminará esa sensación de sentir que hoy es un día de esos.