La esperanza es uno de aquellos fenómenos presentes en mi vida,
tan indescriptible como despiadada, dulce y fascinante.
Está en cada amanecer y en cada anochecer.
Está en la danza que describen las palabras de los corazones de aquellos que se aman, pero temen aceptarlo.
Está en el silencio implacable después de una fuerte tormenta.
Flota en el aire los días de diciembre, empalagada de alegrías y sorpresas.
Está en la mirada que te doy cada vez que nos despedimos y que sueño con tenerte a diario, a una almohada de distancia.
