“MI NOCHE EN LA PLAZA”
Al comenzar la noche echo un suspiro que solo mi mente puede oír, el aire tibio con un cielo amarillo despidiendo al sol relajan mi cuerpo y me adentran en este ambiente que solo yo puedo percibir, es momento de disfrutar de mi compañía me digo, me dirijo a la plaza de la zona, las luces de las calles comenzaban a prenderse, llevo conmigo un pequeño libro para simular leer, prefiero que piensen que estudio para un examen a que piensen que soy un merodeador, hoy en día está muy de moda el tráfico de niños y el tráfico de influencias, sin querer caigo en un pensamiento vago y aislado, maldigo a los que reciben sueldo exagerados por cargos imaginarios, mi país está mal pienso, nuestros gobernantes están en un mar de corrupción, que corroe las almas jóvenes matando sus ideales de manera prematura, me pregunto cómo sería yo, la verdad no lo sé, nadie lo sabe, leí que uno no es corrupto hasta que le dan un poder, en fin, mejor no pensar en eso, respiro y observo el panorama… a unos 20 mts. están unos niños jugando con su perro, el niño es quien toma la iniciativa corre gritando y esperando que cometa lo persiga… COMETAAAA!!... grita el niño, corriendo en primer lugar, seguido de cometa, y en tercer lugar la niña... más atrás aparece un adulto gritando – carlitoooos. Hijo no corras así!
A 30 metros a mi izquierda está la cancha de futsal, vacía y con las luces prendidas, por el borde de la plaza pasa una joven trotando, de repente salta la cerca que rodea a la plaza, exhausta se tira en el césped a descansar, entonces digo que un día de estos tengo que salir a trotar, mi rostro esboza una sonrisa, me gustan mucho estos momentos tranquilos y espontáneos.
Es inevitable pensar en las últimas experiencias, aprovecho estos segundos para recordar su rostro, había tomado un par de copitas pero definitivamente recuerdo lo bonita que se veía con esa chaqueta oscura que resaltaba su hermoso rostro claro, los ojos cafés pardos y una mirada tierna e inocente, allí estaba frente a mí, le ofrecí una copa y me dijo amablemente “no”, “no puedo tomar mucho”, entonces repartimos el botín entre su amiga y mi amigo, bailamos, hice mis mejores movimientos cuidando no perder el equilibrio, no por mi estado, sino por el piso resbaloso, ya cerca a media noche ella se despedia, entonces le pedí su número celular, me lo dio y se fue con su amiga.
Dicen que cada cabeza es un mundo, y solo ella sabe lo que pasa en el suyo, yo no lo siento pero siempre trato de entenderlo…
Es inevitable pensar por qué después de conversar y conocernos un poco más por celular… después ya no me contestaste.
De algo estoy seguro y es que me gustaría mucho volver a verte…