La vida nos seduce con momentos felices y también nos golpea con instantes dolorosos. Cuando los instantes dolorosos parecen ser mayores que los momentos felices nos sentimos tristes, defraudados, impotentes o culpables. En esos momentos muchas veces nos hemos sentido muy solos, sin ayuda, sin apoyo y sin encontrar la salida. Buscamos a Dios con todas nuestras fuerzas, con esperanza, con lágrimas.
Sea cualquiera que sea la concepción de Dios, esa fuerza amorosa de lo Alto nos impulsa a buscarle, a añorarle, a requerirlo. En la forma más sencilla o más ilustrada vamos directo a la oración, puede ser simplemente: Dios, ¡ayúdame! o crear un bello poema o canción. Pero lo importante es que en un espacio de luz que se abre en nuestro corazón, en nuestra mente, Dios se permite entrar cuando lo llamamos con sincero corazón. Y al entrar él, toda oscuridad se derrite, se aísla y la Luz va ingresando: y con voz dulce nos dice: ¡Sigue adelante!
Colaboración de Carene
El Salvador
