Me desperté pensando en ti, con el solo deseo de mirar tus penetrantes ojos y decirte sin más palabras te amo. Cinco letras que salidas de tu boca emanan un dulce canto que apacigua a la más fiera.
Cuando pasas cerca, todo el cuerpo se me congela con solo percibir tu fresco aroma; quisiera tomarte preso bajo las redes de mis brazos.
Sentir una vez más la pasión que se desata con tan solo un beso, recorrer la ruta de un amor que ni el tiempo ni la vida misma ha podido ver, donde esa ternura con la que acaricias mis mejillas hacen que el corazón me de un vuelco.
Soy como una niña acurrucándome en tu pecho; esa niña que llegó a ti y que con el tiempo se convirtió en mujer.
El día llegó a su fin, una sensación extraña embargó mi ser, por un momento sentí que me faltabas y que te arrancaban de mí.
Era hora de nuestro encuentro, tu silueta divina se reflejó en mis ojos pero mi corazón se rompió en aquel instante; el alma salió de mi cuerpo; un nudo se apoderó de mi garganta y la respiración se me contuvo.
Mis ojos me traicionaron y brotaron de ellos gotitas de amor amargo.
Ahora sé que fui una dulce paloma más, enjaulada bajo el
yugo de tus encantos.
Colaboración de Montserrat Castro
México
