Y se vino la avalancha
de nieve sobe tu estampa,
cubriéndote con su manto
como hielo... Como escarcha
temblando quedé a tu lado
sin poder decir palabra...
Cuando te llamó el silencio
tenías tu piel muy blanca,
era el carruaje muy negro
andaba entre nubes de agua,
y el cochero se ocultaba
sin dejar mirar su cara...
En el fondo se escuchaba
el grito fuerte del alma,
entre dolidos sollozos
de todo aquel que te amaba,
perfumó la despedida
un ramo de flores blancas.
Y marcharon luego atrás
escoltas palomas blancas,
con pañuelos empapados
que los ojos enjugaran,
siguiendo la cruz que al frente
lentamente se marchara...
En el camino brotaban
tristes nostalgias pasadas
cuando tu mano en la mía,
sostenías mi camarada
ocultando tus heridas...
para que yo no llorara.
Eran diez, eran cincuenta,
eran seiscientas que al alba
te cargaron en sus hombros
para llevarte a la casa
donde las luces del cielo
iluminarán tu alma...
Cuando un ser querido, un amigo, parte para no regresar, el sentimiento de la despedida se impregna en nuestro corazón y es cuando sale a flor de piel nuestro sentimiento en letras
Colaboración de Blanca Silva
Uruguay
