¡Ah! mi maestro querido
cuántas veces he tenido
el deseo de abrazarlo
de apretujarlo en mi pecho,
usted un hombre derecho.
Yo deseaba saludarlo,
cuántos años transcurridos
de tiempos desvanecidos
que se volvieron recuerdos
y ahora al correr los años
no nos sentimos extraños
que parecemos más cuerdos…
Antes, yo un muchacho loco
usted maestro otro poco
los dos con un mismo ideal,
yo investigando la ciencia
usted haciendo conciencia
para yo ser un hombre leal,
enseñando a toda hora
que en las luces de la aurora
usted aprendió a soñar.
¡Ah! mi entrañable maestro
gracias que a todo me presto
yo lo quiero homenajear
y decirle que el afecto
va unido al intelecto
y hay que saberlo expresar
humildemente le digo.
Maestro, es usted mi amigo
y un hermano singular
usted me enseñó de niño
cuánto valía el cariño,
a ser sincero y cabal,
con pinceladas de altura
acrecentó mi cultura
y me enseñó a ser formal
a ser hombre donde quiera
a no dejar que se muera
por mi culpa la bondad
a prodigarme a la gente
a no volverme indiferente,
sino a decir la verdad.
Me prodigó su sapiencia
y el bagaje de experiencia
que la vida le legó
y me dijo que el destino
era tan sólo un camino
-no sé dónde lo leyó-
el cual había que andarlo
muy seguro, sin dudarlo
acompañado del bien
ir del brazo de la risa,
vale más una sonrisa
que cien billetes de a cien
desechando la mentira.
El odio, el rencor, la ira,
la maldad, la ingratitud
y que nunca llegaría
a saborear la alegría
y menos la beatitud
que a pesar de todo eso
no detuviera el progreso
blandiendo una sin razón
sino todo lo contrario
que esgrimiera el silabario
que llevo en el corazón.
¡Ah! qué maestro tan bueno
siempre tranquilo, sereno
regalándome su fe
cómo me hizo falta
y mis recuerdos asalta
aquel día que se fue
le vi partir cabizbajo
llevándose lo que trajo.
Con unos años de más
haciéndolo lucir viejo
pero diciendo: -te dejo
mensajes de amor y paz-
yo recuerdo que me dijo
con palabras dulces: -hijo
ser honrado es lo mejor
y aunque la vida es muy dura
que en tu alma haya ternura
no claudiques al dolor-
-siéntete hombre satisfecho
si en los latidos del pecho,
palpitas satisfacción-
si has puesto al bien de estandarte,
si te has sentido baluarte
de tu noble profesión
sin importar que esta sea
cualquier oficio o tarea
ponle mucha dignidad
tu ejemplo debe ser puro
para que así, de seguro
reluzca tu humanidad
y tus actitudes, sanas
que al fin y al cabo humanas,
debes darlas sin error
entregado a tu trabajo,
velando por los de abajo
por aquellos que el dolor
los hace más de las veces
resistirse a los reveces
por ellos debes seguir
brindándote cada hora
desde que nace la aurora,
forjándoles porvenir.-
¡Ah! mi maestro querido
viera cómo he compartido
esa forma de pensar
y he tratado con mis niños
de cubrirlos de cariños
y enseñarles a estudiar,
más, tan sólo hay una cosa
que tampoco es una rosa,
es cardo, es cruel dolor
es angustia, sentimiento
nunca me enseñó, lo siento,
a no morirme de amor.
De todos modos, maestro
este día es sólo nuestro,
nos volvimos a encontrar
usted me enseñó universos
yo aprendí a construir mil versos,
hoy lo he vuelto a saludar
que Dios siempre le bendiga
le ofrezco mi mano amiga
y que le vaya muy bien
no alcanzará algún tesoro
para que pague con oro
ni con billetes de a cien
lo que usted dejó en mi alma,
cuánto me enseñó con calma,
con futurista visión,
vivo muy agradecido
¡Ah! mi maestro querido
lo llevo en el corazón.
Cuando estudiaba el 6o. Grado de educación primaria en la Escuela para Varones No. 2 "Domingo Morales" de Huehuetenango, Guatemala, Centro América, tuve la dicha de tener como profesor al insigne poeta Luis Alfredo Arango oriundo de Totonicapán, Guatemala, Centro América, y ahora que me agrada escribi, le dediqué este poema que leí para el homenaje que recibí el 18 de junio de 1993 como maestro distinguido. También fue homenajeado con la Orden Zoila de Altuve y Laura Nufio V. de Andrino, dos insignes profesoras de esta ciudad de Huehuetenango.
Colaboración de RofAxel Gilberto Funes
Guatemala