Los ojos de la vida ven tanto, que de tanto ver se hacen ciegos…
Los ojos de la vida han visto tanto que ya están cansados…
Hay una etapa en la vida del hombre que necesita detener su paso, encontrar un lugar donde descansar bajo la sombra de un árbol y meditar…observar su vida y regresar a cada etapa que definió su vida y su destino…observar hacia donde las olas de la vida lo llevaron, en que barcos navego, que banderas izo en lo alto de una vela, que nuevos mundos descubrió y que otros conquisto, donde deposito toda su fe, en que alma dejo todo su corazón y amo, en que manos puso toda su fe, cual fue su dios preferido, su virgen salvadora, y en que lugar o parte de la vida encontró alegría y paz.
Los ojos de la vida han visto tanto que ahora ya no quiere mirar…
Y es tan bella la vida, es tan grandiosa que hace que nazcan grandes hombres y las mejores flores de colores…
Y es tan cruel y despiadada que arrasa almas inocentes.
Entonces te das cuenta que tienes que definir un punto exacto y cantar, y soñar.
Cantar cuando las penas se apoderan del alma
soñar cuando las ilusiones se han perdido.
Con el único fin de encontrarte a ti mismo.
Rediseñar los pasos y exclamarle al universo entero que aquí hay una humanidad que ya no espera, que ya esta exhausta de ver como la maldad hace pedazos un corazón que quiere ser libre.
Pero te das cuenta que tu mismo generas la maldad que no deja avanzar, que oprimes un corazón que te pide libertad y que por egoísmo obstaculizas con tus cadenas….pero comprendes que jamás un alma estará a tus pies y debes dejarla correr al mundo y a la vida…
Entonces defines que tienes que cantar y soñar…
Y entiendes que aquella alma quiere seguir sus propios pasos y volar… Entonces te detienes, rompes las cadenas, y la dejas correr, la observas, y te vas.
Colaboración de José Fernando
México
