Las noches pasaban sobre su cabeza, la brisa cruzaba en su lamento, su pensamiento rebotaba en su interior, nuestras mentes son mundos remoto a lo que se compara con este mundo de lo existente-material. Los mundos son incontables, porque no sólo superan en número... sino en tamaño, tan infinito como el universo, pueblos fantasmas tan lejanos, tierra de estrellas, viejas épocas de impactantes leyendas. Fantasmas que van y vienen, guerras y batallas perdidas y ganadas... Luchas sin cuartel, circunstancias agobiantes. Los montes aún se encuentran al pie del acantilado, debajo de este se encuentra el gran río.
Las aguas corren como sangre y chocan con las rocas... Es sólo el silencio, la lluvia y el viento corre por la ladera, o eso parecía, ambos hermanos corrían como jinetes a caballo y espada en mano, corrían hasta el bosque sólo para jugar a las escondidas como dos niños.
Recuerdos de infancias pasadas, las estrellas se toman de la mano y giran sobre nuestras cabezas... Se posan sobre los árboles para ver nada. Corren por todas partes hasta agotarse... Y duermen sobre las nubes...
La luna se cuelga con cuerdas de algodón, y se mece en la noche como si estuviera en un columpio, Los transeúntes beben del río para tocarse el rostro. La brisa corre sigilosa por los rincones de la ladera, las taperas aún están en medio de la nada. Paredes ardidas por la humedad y el sol, curtidas por el tiempo... El sarro corre por el suelo, pero las estrellas están en algún lugar de este mundo, están en todos lados, La luna aún se mece en su columpio color noche... El tiempo es monótono.
La lluvia y el viento corren aún por la ladera... Los árboles se mecen en dirección al viento, pero el mundo de lo inalcanzable se toma retórico... Y se torna encriptado por las estrellas, Las noches van y vienen sobre él, el las observa pensativo. Sus pensamientos, no son más que haces de luz corriendo por los rincones de su mente y su mundo. Se sienta sobre un árbol caído en una época ya olvidada, para tocar su cabello, guarda sus pertrechos en el hueco de un árbol. Algunos cuentan que en ese tan afamado hueco, no es más que una enorme y profunda caja fuerte, oculta de todos. Habla como el viento, y escucha como una rosa que se mece entre las demás, corre como los hermanos viento y lluvia.
Jinetes de la carrera para un apartado especial... Y a pesar de todo, y de lo que digan los demás... Las noches siguen pasando sobre su cabeza, y las estrellas bailan eternamente sobre los árboles, y se ponen sobre las copas de los mismos, para no ver nada.
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Colaboración de Eaklyff
Uruguay
