Cuando Dios creó al mundo, hizo al hombre a su imagen y semejanza. No obstante, se dio cuenta que este se encontraba sólo y creo a la mujer; la que sería su eterna compañera.
La mujer, es puro corazón y sentimiento, es el lado sensible del género humano. Por consiguiente, posee la maravillosa capacidad de engendrar y dar vida a otro ser viviente.
No existe la codicia, las ansias de poder, ni la destrucción, en sus nobles corazones; y son capaces de calmar la necesidad de afecto y cariño anhelada por el hombre.
La mujer es la piedad y bondad infinitas; no saben de rencores ni odio, y todo lo arreglan con mucha dulzura y sabiduría.
Incluso su forma y estructura es hermosa y perfecta; cuando sonríen, pareciera que su sonrisa fuera dibujada por los mismos ángeles; sus ojos son como dos esplendidas estrellas, que sólo irradian amabilidad y paz.
No obstante, la vida del hombre es incompleta y nefasta sin ellas. Sin embargo, los pequeños detalles las llenan de alegría; de igual manera la más leve ofensa la afecta y hiere, al igual que delicadas flores, que basta una suave brisa para que las dañe y deteriore.
Si el hombre viera el mundo como lo hace una mujer, no habría tantas guerras y violencia en este planeta. En definitiva, la mujer, es la más bella, frágil y tierna mariposa, que cubre de color, todo el jardín humano.
Colaboración de El último filósofo
Chile
