Ya casi al final del camino mi alma y mi corazón están tan muertos como aquellos que ya no sueñan, esos a los que hasta las esperanzas los abandonaron; ¡no! no son aquellos seres afortunados que ya la vida perdieron. Son aquellos que como yo respiran, caminan, e incluso hablan pero somos muertos en vida.
Colaboración de Diana
Venezuela
