Enamorarse suena tan sencillo y siempre riesgoso pero hasta que te topas con alguien completamente opuesto a lo que conoces y no sabes de qué estás hecha. Soy Católica practicante y mi historia de amor por la cual casi perdí la cabeza fue con un Musulmán... ¡Oh, sí, Musulmán! No sabía en lo que me estaba metiendo hasta que viví el sentimiento más fuerte que había experimentado hasta ahora, tan sólo recordarlo duele el pecho ya que no volveré a sentir su calor de cerca. Nos conocimos en Chicago mientras me encontraba estudiando, salimos por sólo dos meses, hubiese deseado más tiempo, pero las diferencias culturales comenzaron a generar problemas. Aquel hombre desde el principio me trató como una princesa, me respetaba, me consentía, se preocupaba por mí y sobre todo, me hacía sentir segura…
¿Qué es lo que todas queremos, cierto? Sentirnos parte de alguien, que nos cuiden, que podemos bajar la guardia un segundo. Sus besos me hacían sentir tanta pasión recorriendo mis venas, tanta energía que creo que me volví adicta a sus labios. Físicamente perfecto: cabello negro liso y sus ojos el más profundo azabache, piel morena tostada por el sol, labios suaves y carnosos, nariz perfilada, su cabello con corte mohicano que le daba un toque de chico malo, cuerpo definido y de muy buena estatura (a las chicas bajitas nos encanta un hombre alto, son como sexis). Su forma de acercarse lentamente para besarme era mágica, tomaba mi cabeza entre sus manos y me besaba suavemente, pero con toque de picardía, mordía mis labios al final de cada beso.
Hasta me enseñó a cocinar unos pimientos rellenos deliciosos. Era muy bueno para ser real, desde el principio sabía que esto sólo sería algo momentáneo, jamás pensé en que podía enamorarme de él. Desde niña, he escuchado historias de que los árabes son un poco retrógrados, que tratan mal a las mujeres, etc. Le tenía miedo, pero les puedo decir que el hombre de Arabia Saudita es todo un encanto. Decidí darle una oportunidad a lo que estaba sintiendo, si me sentía bien, ¿por qué habría de ser malo? Aquí apliqué aquello que dicen “es mejor intentarlo y decir fracasé a decir por qué nunca lo hice”. Mi decisión ayudó a conocerme más a mí misma y hoy en día, doy gracias a Dios por poner a ese hombre en mi camino, aunque a veces pregunte “¿Por qué Dios no podemos estar juntos?”, el recuerdo más preciado de toda esta experiencia.
Me perdí y a la vez me encontré cuando lo conocí.
Con él todo fue mágico, su compañía, sus besos y el día que pasamos la primera noche juntos, fue sin palabras. Un amigo una vez me dijo que los árabes tenían fama de ser malos en la cama, pero les puedo decir que es como dice Arjona en una de sus canciones: “ver las estrellas con los ojos cerrados”. El sexo más agradable que haya sentido… ¿Por qué digo sentido? Porque sentí que no sólo me hacía sentir mujer, él me respetaba y desde ese día aprendí lo que era estar en una relación de dos donde hacer el amor, no era sólo una satisfacción a una necesidad o por complacer al otro, comprendí que hacer el amor es sentir cada caricia, cada beso, sentir como queman sus manos cuando recorren tu cuerpo, sentir como ardes en tus entrañas cada vez que se convierten en uno.
A medida que pasaban los días, me creó una duda, me pregunté porque siempre hacía comentarios de estar solos, como mujer que piensa mal primero, siempre pensé que sólo buscaba diversión, nunca le preste atención a eso. Nunca me decía que no a todo lo que decía, siempre quería conocer la ciudad conmigo, siempre quería nuevas sensaciones conmigo… Pero todo comenzó a cambiar cuando yo quería compartir con mis amigos. Él me explicó que en su cultura un hombre puede considerarse como excelente esposo, amante, compañero y/o amigo si hace que la mujer se olvide hasta de su familia, hacer que ella sólo piense en estar con él. Me pareció un poco egoísta, pero preferí sonreír políticamente al comentario.
Como por ejemplo, una vez salimos a caminar aprovechando el buen clima y vimos una mujer en la calle usando su hiyab (vestimenta femenina islámica que cubre la mayor parte del cuerpo), él se veía tan emocionado, dijo que respetaba y admiraba a las mujeres que lo usaban, sus ojos brillaban, debí captar esas señales antes de enamorarme. ¿Cómo puedes en 2 meses sentir tanto por alguien que sabes no estará en tu futuro? Le llevaba 9 años de diferencia, pero cuando estaba en sus brazos, la edad no existía, era sólo un número, sentía que quería pasar el resto de mis días con él, aun sabiendo que la religión se interponía. Mujer al fin que pensé podía hacerlo cambiar.
La religión Islámica dice que el hombre puede casarse con la mujer no musulmana ya que él puede tratar de hacer que ella se convierta a la religión, pero para la mujer es distinto, ellas sólo pueden casarse con hombres musulmanes, todo por el tema de qué religión llevarán los hijos. En ningún momento pensé en dejar mi religión por amor, sólo sentí curiosidad de conocer más acerca de la suya. Aún tengo en mi cabeza cada palara, cada gesto… Sobre todo cuando decía: “no sé por qué pero cada vez que hacemos el amor, siento que te amo más”. Cuando llegamos al final, fue el momento más duro, no se cómo no lloré, pero fui fuerte, sentí un gran vacío en el estómago, como que estaba perdiendo una parte de mí, mi media naranja.
Ni siquiera lo abracé por última vez, algo dentro de mí me dijo que esa sería la última vez que vería sus ojos de cerca, que ya no había vuelta atrás ¿Cómo podía luchar por estar con él si sabía que su mundo no me haría feliz? simplemente le dije “Gracias por las alegrías, gracias por enseñarme a leer las miradas, gracias por hacerme sentir viva. Por siempre serás mi amor imposible, no pude hacerte sentir parte de mí, nunca pude demostrarte que te amo porque sabía que algún día iba a tener que dejarte ir”. Al pasar los días, descubrí que no le gustaba que tuviese tantos amigos, sobre todo más hombres que mujeres.
En nuestra cultura es normal, supongo que él nunca intentó abrir más sus ojos tal como lo hice yo al estar con él. Soy de las que piensa que los amigos no se cambian por un novio. Los amores pasan, pero los amigos quedan. Ahora les pregunto, ¿estarían dispuestas a cambiar por amor? Mi respuesta sería: depende. Todos podemos dar nuestro brazo a torcer con ciertas cosas pero cambiar todo lo que eres o tu esencia por un amor, no lo veo saludable. La familia, Dios y los amigos son lo más preciado que podemos tener, gracias a ellos estamos acá y somos quienes somos hoy en día. Aunque conozcas un amor que te haga sentir que estás en las nubes, a veces dejarse llevar es nadar contra la corriente y al llegar a la orilla, ya estarás muy cansada para volver a intentarlo. Pero, ¿quién dijo miedo? Veamos que nos depara la vida ahora, nada es casual, todo sucede por algo. Las personas cambian, pero los recuerdos permanecen.
Colaboración de Bella Filippi
Estados Unidos