Ya estaba en esa etapa de la reunión en la que salen frustraciones y reclamos sin destinatario específico, todos, nadie, el gobierno, la gente. En esta ocasión se puso a hablar sobre principios (no sobre comienzos, sino esos otros principios, los que te dicen que son importantes. Personalmente creo que los comienzos también son importantes, tal vez más que esos otros) sobre cómo la gente se olvidaba de los principios ante la menor dificultad. Era algo como esto:
- La gente ya no tiene principios ni convicciones, (sorbo)… Porque uno habla y habla, que hay que hacer esto, que no se puede hacer lo otro, y a la hora de la hora siempre lo mismo, te salen con que: “qué le vamos a hacer”, “en la vida real…” “Otra cosa es en la cancha”
Mientras el resto de beodos oía el monólogo, pero de ahí a escucharlo… (¿O era al revés?), porque en esas situaciones, uno se da cuenta cuando es un monólogo personal, cuando el putazo es para uno mismo. Lo que pasa es que aunque uno quiera hablar con uno mismo, eso de beber sólo está mal visto, claro que se podría hablar con uno mismo sin beber, fumar o inyectarse algo que nos saque de nuestro cuerpo… Pero entonces, ¿dónde estaría la gracia? Eso sí, decidió que intentaría seguir sus principios, o al menos hacer lo correcto, como una de esas promesas que nos hacemos sabiendo que no las vamos a cumplir.
Los días pasaron y la vida siguió como siempre, como nunca… Bueno, sin exageraciones, solamente: Como normalmente sigue la vida. Llegó el momento de un viaje de trabajo, con uno mismo como chofer y la radio como acompañante (si es que agarras señal), la hoja sagrada como alimento y el puchito de adorno (hay que tener la pinta completa). En medio del viaje volvió a recordar esa noche de monólogo y demás etcéteras (porque claro, hubo también comida, baile y capaz hasta un final feliz), y se acordó de los principios, los dichosos principios. Veía como camiones y cualquier carro más grande que el suyo se cagaba en las leyes de tránsito y viales, adelantaban cuando les daba la gana, incluso viéndolo venir por la otra vía, porque claro, si había choque el que se jodía era el del auto pequeño, el otro de una abolladura y (en caso de mucha mala suerte), de la cárcel no pasaba.
Entonces recordó su resolución, su promesa, y (por alguna extraña razón que sobrepasa el entendimiento de nosotros, las personas normales, del montón, que sólo tratamos de vivir) decidió cumplirla, ¿de qué servía la vida si no se podía cumplir una promesa con uno mismo? Y comenzó a manejar como Dios manda (bueno, como Dios manda no, porque ni en los diez mandamientos, ni en la biblia dice “no sobrepasarás a otro vehículo en curvas”). Y así, apretando los dientes y el culo, luchando contra sus pies y el más básico instinto de supervivencia, no cometió imprudencias, tampoco se alejó cuando otro pitaba y ponía cara de rabia, de esas que con sólo mirarlas sabes que te dicen “¡hijo de…!, y demás muestras de nuestro dialecto rábico, que todos alguna vez hemos escuchado.
Y así pasaron camiones, buses, más camiones, más camiones, más camiones y alguna camioneta ocasional. Hasta que llegó esa sensación de muerte inminente, materializada en un camión, conducido por alguien que al parecer se había propuesto lo contrario, el antihéroe, el malo de la película, que no mostró señas de querer seguir las reglas.
¡Frena!, ¡vuelve a tu carril!, ¡desgraciado!, ¡Qué gente! (es gracioso cómo uno puede pensar tantas cosas en esos momentos) Y llegamos al momento del final, de esos que son a gusto del consumidor. Porque hay quienes dicen que se hizo mierda (bueno, lo hicieron mierda) y no quiero suponer que el antihéroe se dio a la fuga, o si está preso (y si está preso, si es que ya tiene sentencia o la sigue esperando). O tal vez nuestro héroe tuvo un momento de eso que llamamos sensatez, y decidió cagarse en sus principios, y salvar la vida (y por ende el laburo, la familia, y esas cositas lindas de la vida… Y claro, dejar de ser héroe); y si salvó la vida tampoco sabremos si está con una vida feliz por la “segunda oportunidad” o si está hecho mierda al darse cuenta que: sí, mantenerse una promesa es difícil (cuando menos).
Hay quienes dicen que debe seguir regañando por ahí, en este mundo o en otro (capaz en otro país, nunca se sabe. Porque además… Sí alguien quisiera saber de él, lo hubiera averiguado, es fácil). Lo que sí sabemos (suponemos) o en primera persona si prefieren, es que de principios, sólo el comienzo. (Sí, las conclusiones en la vida, en cuentos y demás etcéteras, muchas veces son incoherentes y, como se dice, una porquería).
Colaboración de Ergoroca
Bolivia