Los sueños siempre se presentan como sombras en todo nuestro recorrido por la vida, cuando nacemos soñamos con ser adultos, cuando somos maduros se sueña con retornar a la juventud y es que nuestra naturaleza siempre está buscando más, aventuras, sueños, ideales, motivos para defender sus principios, para escudriñar nuevos retos, nuevos sentidos… y esto se ha podido constatar a lo largo de toda la historia.
En la actualidad, vamos en una constante carrera y lo curioso es que no sabemos ni el por qué, ni el para qué, solo corremos saltando entre minutos y horas, esquivando meses y años y todo con el fin de buscar EL MOMENTO, ese espacio de tiempo utópico que nos hará ser felices. Vivimos los años esperando que lleguen esos buenos tiempos, los mejores años de la vida, la mejor oportunidad, el mejor trabajo, para años más tarde publicar una foto o recordar una historia y comentar: “era feliz y no lo sabía”.
Es bueno soñar, es más, sigue soñando, pero no permitas que esos sueños nublen tu presente, o te impidan disfrutar de la mirada de tus padres, de la sonrisa de la persona que quieres, de los consejos y bromas entre amigos, del abrazo de tus hermanos, de un paisaje, de un helado, de un vídeo
juego, de una buena charla….
Los sueños deben motivar el presente, pues a veces pasamos más tiempo soñando que viviendo, y esto hace que miles de oportunidades increíbles pasen de largo, que miles de momentos felices no se puedan apreciar y que se viva en una eterna insatisfacción. Sigue soñando, pero nunca olvides los enormes detalles que vives en el presente y que tanto soñabas en el pasado.
