Suelo verte en el lejano insomnio, en las catacumbas del recuerdo, en las pasarelas de la ventisca, en los humanos acordes del silencio: cargada de simplezas, ausente de estampidas; fiel a la esfinge de la demora, senil ante la incapacidad de sonidos. Suelo verte en los esbirros de la duda, en las estampas campestres anudadas a la retórica de una voz antigua, ante dioses minúsculos, ante la vida sin vida, metástasis de luces y sombras. Suelo verte desnuda de edad, cambiante, como clonación de albores, mística, como leyendas africanas, sin camposanto ni ideas petrificadas por el gesto, casi espeluznante, de la desidia. Suelo verte pacer las miserias.
