Te odio, con todas mis fuerzas, desde adentro de mis entrañas, desde lo más profundo de mi ser. Odio cuando te acercas a mí y quisiera salir huyendo pero mis pies se debilitan y me vuelvo vulnerable. Odio el reconocer tu perfume en el aire y en las personas que transitan a mi alrededor, porque genera recuerdos en mi mente y me vuelvo un soñador hasta que la fantasía de nosotros me posee.
Odio tu sonrisa tan brillante y reluciente, porque me aturde y hace que pierda la concentración. Odio tu carácter fuerte y decidido porque hace que me sienta acobardado y débil. Odio la luz que irradias que opaca a cualquier persona y el melodioso sonido de tu voz que retumba como un coro de ángeles en mis oídos. Odio tu vestimenta tan relajada y elegante porque no puedo dejar ni un solo minuto de mirarte. Odio tantas cosas de ti que sería una lista interminable, y cada día que pasa este revoloteo que siento en mi interior no lo puedo ocultar y te odio tanto por generar esto en mí.
Odio tus ojos, tus manos, tu cuerpo, odio tu esencia, odio que me fascine cada uno de tus gestos y que este sentimiento cada vez sea más fuerte. Odio el haberte conocido y el traerte siempre en mis pensamientos, ya no recuerdo lo que era mi vida sin que tu estés presente a todas horas y en todo lugar.
Te odio, te odio tanto, pero me odio mas a mí, por no tener las agallas de decirte lo que siento.
