Ayer tuve un sueño maravilloso: estaba entre tus brazos, pude sentir el calor de tu cuerpo y gozar del sin fin de tus caricias, saciar mis sentidos con tu aroma. Fue tan real cada uno de tus besos que hicieron vibrar cada parte de mí tanto que despertaron el deseo de tenerte, de poseerte, de ser uno mismo el tiempo se hizo nada. Sólo fue testigo de nuestra entrega.
Una gran tristeza me invadió al despertar y verme sola y regresar a mi eterna realidad. Al darme cuenta que todo aquello tan lindo fue sólo un sueño, un lindo sueño. Del que tuve que despertar.
