El futuro de la humanidad radica en la familia y en la fortaleza de sus valores como lo son: la honestidad, la honradez, la gratitud y la tolerancia a otras formas de pensar, en esta sociedad tan cambiante y diversa; donde las nuevas generaciones han perdido aquellos valores que nuestros padres nos inculcaron a base de disciplina y comunicación, siempre haciendo conciencia del respeto social y la responsabilidad que esto conlleva.
Si lográramos, cada uno de nosotros, permear en las personas en las que la vida nos a dado la oportunidad de coincidir, un poco de conciencia de la importancia del respeto por uno mismo y por la vida en todas sus formas... tomando en cuenta los beneficios que esto nos representaría, no solo como seres humanos, sino como seres sociales... con la fe en cualquier divinidad o simplemente en la humanidad y en su capacidad de reinventarse, cambiaríamos mas que el futuro de nuestros hijos, cambiaríamos el futuro de la vida. Quizá lentamente al principio, pero con disciplina, optimismo y liderazgo, esto podría ser exponencial.
Y se que esto es posible, porque es una formula ya probada, así es como se fue rompiendo el tejido social desde su núcleo mas sagrado como lo es la familia. Desde aquel momento en que dejamos de decirnos dos simples palabras, pero que son la base del respeto, como lo son por favor y gracias. Sin embargo, si todos los que tenemos una posición privilegiada en cualquier ámbito de la sociedad -la cual conlleva una gran responsabilidad- nos damos a la tarea de ser punta de lanza en este gran cambio generacional podríamos acelerar este proceso.
Debemos apoyarnos en todo aquello que nos impulse y comprometa a seguir siendo íntegros, respetuosos y justos, para que nuestras acciones trasciendan mas allá de nuestras palabras y logremos ser ejemplos a seguir para la sociedad.
Siempre he sido agradecido con la vida por lo que me ha dado, porque considero que debemos ser el vehículo por el cual se debe hacer llegar la generosidad de Dios a toda la humanidad. La generosidad no significa deshacerte de aquello que no necesitas, sino de compartir aquello por lo que te sientes bendecido, aunque sea por cosas aparentemente pequeñas y sin importancia. Debemos estar conscientes de que todos somos capaces de dar algo bueno, y existen muchas formas de poder ayudar a alguno de nuestros semejantes.
