No me tires como un periódico leído y que ha perdido su capacidad de asombro. Me siento destrozado y roto en pedacitos. El mundo no es una cañería con aguas negras, ni un basurero para tirar los cadáveres exquisitos, que hicieron fascinantes a algunos momentos de esta pueril existencia. Sin ti no sabría en que corazón refugiarme o atrincherarme, para recuperar fuerzas para el contraataque.
La vida se reconstruye con sueños y solo el amor goza del poder, para hacerlos realidad.
No dejes nunca de dar pasos, ni de mirar hacia la punta de la cima; haz del éxito una sana obsesión; nunca desistas de intentar volar y si tampoco sabes nadar, confía en las ninfas y en los tiovivos caballitos de mar.
Lamento las historias disipadas, de los amores que canto. No deseo que se sumerjan en el mármol desolado de mi piel. Soy la orilla de la angustia de los sonidos, de los lamentos desgarradores de la agónica alma. Tañe el naufragio prematuro de las aguas del limbo, como la mañana de una vida sin huellas. Sembré suspiros breves sobre las aguas del tiempo.
