Te fuiste sin mirar atrás, dejando silencios en mi puerta, yo me quedé juntando pedazos de una historia que creí eterna. Lloré tu ausencia en noches largas, extrañé tu voz, tu risa, tus manos, y poco a poco entendí que a veces también se pierde amando demasiado. Hoy dices que quieres regresar, que extrañas lo que un día dejaste, que ahora comprendes mi valor y que jamás debiste marcharte. Pero dime, ¿qué hago con el tiempo que tuve que aprender a olvidarte? ¿Con todas aquellas noches en que nadie vino a abrazarme? No soy aquel que dejaste atrás, el que esperaba verte volver. Algo cambió dentro de mí cuando decidiste desaparecer. Tal vez todavía te quiero, tal vez nunca dejé de hacerlo, pero querer no siempre significa que deba volver a perderme en ello. Tú regresaste buscando mi amor, pero encontraste a alguien diferente: alguien que aprendió que su corazón también merece ser prioridad. Y aunque duela decirte adiós, prefiero una herida que ya está cerrando a volver a abrir la misma cicatriz por alguien que ya me había dejado. Porque tú decidiste irte un día… y yo tuve que aprender a soltarte. Ahora que quieres regresar, perdóname… pero ya aprendí a dejarte.
