Sí, al final tengo que darte las gracias
porque gracias a tus desprecios
me hiciste más fuerte...
Aprendí que no se puede aferrar a quien no te necesita en su vida,
aprendí a dejarte ir, de a poco cada día, cada instante, en cada silencio donde las palabras se morían...
aprendí que el dolor es una anestesia en el alma y que cuando te das cuenta ya es perjudicial en tus emociones...
Nunca fui tu prioridad y yo, ciega ante tu olvido, no quería soltarte... vivía con la necesidad de tomar tu mano y estrechar tantos abrazos rotos de tu parte... tantos besos no dados y tantas caricias escondidas en esa mueca de tu indiferencia.
Por eso, al final te doy las gracias... sí, gracias por tu infidelidad y tu engaño, gracias por tu olvido y por hacerme ver que no debía de extrañar a quien no me extraña... Sí... Gracias porque al apartarme de tu vida y de tu mundo me hiciste más fuerte.
