Acompáñame en el camino
donde la polvareda se
levanta, donde cae copiosa
la camanchaca.
Sé mi compañero fiel, mi guía,
ámame con las pupilas
dilatadas, con las manos
llenas de esperanzas.
Regálame tu sol, báñame
en sus lagunas de esmeraldas,
y, en el nombre del amor,
hazme sentir realizada.
Como una sombra, busca
mis pisadas, aleja
el olor a absurdo,
los pensamientos de mujer
frustrada, haz que vuele libre
entre tus manos, y cuando
la muerte se dé cita conmigo,
dame un beso con sabor
a siempre, para que así
no me entre el olvido.
Y, allá, rodeada por millones
de astros, te observaré
tranquila, y besaré tu tranco.
Podré decir que el amor
ha triunfado, que más allá
de lo absurdo, mi cuerpo
gélido, te sigue amando.
