Miro al cielo deseando que la luna hable de la soledad que paso sin tus besos, de aquella melancolía que llevo en el corazón, sabiendo que tú sientes lo mismo que yo, y por las noches siento que estás a mi lado tomándome de la cintura y yo robando un beso de aquellos labios sabor a miel.
Al atardecer miro al sol perderse en el horizonte, como su luz va siendo reemplazado por el esplendor de la luna; miro fijamente el cielo cómo la noche va llegando y una lágrima corre por mi mejilla, al pensar que tú no estás a mi lado y llego a mi morada, sólo encuentro los recuerdos de tus besos, tus caricias y el perfume de tu piel impregnado en mi cuerpo.
Le pido a Dios que los días transcurran como los minutos, veloces y fugaces, que el día para volver a tenerte entre mis brazos llegue pronto y hacernos el amor como dos locos desenfrenados, entregándonos por completo en cada caricia, en cada beso, en poco de ti y de mí aun estando lejos duermo a tu lado, me despierto con el aroma de tu cuerpo contemplando tus ojitos bellos que me miran con brillo de amor y alegría.
Al llegar la noche después de una gran faena, regreso con la esperanza de encontrarte en nuestro lecho de amor, seductora y dispuesta a entregarme en cada beso y caricia todo el amor que me mantiene vivo, de estar a tu lado sin reparo en el tiempo, ni el momento preciso para darnos por completo.
Te amo con cada aliento de vida, con el corazón, la mente y el alma, te adoro aún en la distancia, te idolatro con el corazón como mi reina, mi musa y mi inspiración la luz de mis ojos y la mujer de mis sueños más profundos guardados en el corazón.
