Yo también amé,
yo también amé
y tuve el valor
de caminar descalzo
por la zona prohibida,
donde se avisaba
de que las heridas serían
irreparables.
Yo también supe,
yo también supe
lo que era pasar noches en vela
y ver cómo los minutos se hacían horas,
y cómo las horas se convertían en
silencios que acaban con el más
puro pensamiento
que quedaba de todo esto.
Yo también amé
los atardeceres, los amaneceres,
y cada lunar de su espalda
como si fuese algo divino
tocado por un terrenal
tan simple y sencillo
como yo.
Yo también navegué,
la mayor parte
en el mar salado de mi conciencia,
sin brújula de escape,
solo un pedazo de papel
que trataba de dirigirme a algo
llamado felicidad.
Yo también sufrí destrozos
e inundaciones que fueron
irreparables.
Es por eso que hoy,
me cuesta demasiado pisar
tierra.
Después de todo el naufragio,
el pronóstico parece mejorar,
saben, no todo se ve tan mal.
Aprendizaje eso fue.
Es por esto que a partir de hoy
cada vez que tenga el valor
de pisar tierra
empezaré a amar
solo a cualquier cosa
que tenga el valor
de arriesgar el corazón,
por algo más.
Y nada más.
Es todo.
