De fuego flamea la risa caída de mis huesos. Con la tijera moldeo los domingos en que tropiezo con los engranajes corpóreos que sugerían tu mueca celosamente invisible; si tuviera que armarte, lo haría con armoniosos bordes etéreos. En cáscaras de dependencia febril, fragmento el soluto del solvente. Mi fatalidad de tu última instancia sobre mi intimidad.
