No pretendamos que los demás actúen como creemos o queremos.
Cada acto tiene un por qué y no somos quien para querer justificarlo.
No basta con salir de nuestros cuerpos y ponernos en los zapatos del otro, porque aún así seguimos viendo las circunstancias desde nuestro mundo de experiencias, sentimientos y valores.
Cuando te encuentres frente a una persona y no estés de acuerdo con su decisión, antes de hablar o pensar, deténte…
Recuerda que ella tiene su propia historia, y que tú, al igual que muchos otros, también la desconoces.
