Mi cicatriz asomó su dolor a la luz del día
Movió todo de un jalón, sin importar mi condición
derrumbó los sueños que de niña creí haber
construido bien...
Retrocedo, me escondo en la esquina oscura
de un cuarto frío, abrazo con todas mis fuerzas
mis rodillas y dejo caer mi rostro en ellas
Se siente solo, se siente miedo
intento abrir los ojos, los cierra el dolor
Me bastaba tener tu corazón en mis manos
tu sonrisa en mi mueca, tu boca en el alma
Descalza, recorro mi casa vieja, en dónde habitaba
la sonrisa, el placer, los cariños, mi voz que hoy se rompe
Tus prisas y antojos, tu descaro, tu pena, tu angustia y dolor
Todo esto, es lo que queda, lo que me quema, lo que
me hace llorar...
En el patio abandonado, encuentro mi soledad
mis zapatos rosas con agujetas lilas que me regalaste un día
he visto a mi lado al engaño y de largo, se pasea la soledad
que gustosa me espera...
Era tuya, la camisa de cuadros azules que me cobijaba
cuando desnuda, de tus brazos me apartaba
Decido salir, me dirijo a la puerta, estiro mi brazo
y mi mano no logra tocar la manija, no la siento...
la mirada se me agranda, se hace profunda y mi mente
golpea mis sentidos y me obliga a reconocer, que ya no vivo
que soy el espejismo de aquella mujer que en niña se convirtió
al volver...
Isabella, capitulo 30.
