Cierto día, abrumada por las actividades y problemas que cada día me rodean, salí a dar un paseo. Caminé, disfrutando la frescura del campo y admirando cada creación que allí se encontraba, sin embargo, hubo una flor que me llamó su atención. No era tan ostentosa como las demás, sin embargo había algo que la hacía particular, así que le pregunte: -¿Por qué Dios te hizo sencilla y humilde?
Al acercarme, ella accedió a responderme:
-Sabes- me dijo, Dios es un ser maravilloso, lleno de amor y gracia, cuando decidió crearme puso mucho empeño en mí, pero sobre todo amor, que es el vínculo de la paz, por eso, cuando me admiran, la paz llega hasta los corazones de las personas.
-¡Qué bien!- respondí, sígueme contando.
-Bueno, otra característica peculiar con la cual Dios nos creó, es que dependemos de Él, a nosotros no nos preocupa la comida, el desayuno y menos la cena, sabemos que nuestro Padre Celestial nos dará TODO lo que necesitamos. La vestimenta no es problema para nosotros, Dios renueva cada día nuestro closet, para vernos sencillas y limpias, ¿puedes notar cuantos años llevamos con el mismo atuendo y aun no pasamos de moda?, es porque Él provee todo.
Sorprendida por su respuesta, le pregunté si alguna vez había sentido envidia por sus compañeras flores, que poseían una belleza especial, y que incluso podrían ser más admiradas que las demás, a lo que respondió:
-¡Oh no!- Dios nos creó con la capacidad de solo ser admiradas, no sabemos quién es la más hermosa, porque el Señor nos trata a todas por igual, ¡todas somos hermosas a su vista! Nadie se considera mejor que la otra, todas nos amamos por igual, ya que sabemos que Dios nos ama y nos creó con una característica peculiar: reflejar su amor a través de nuestra belleza y sencillez.
Después de esa conversación, olvidé los problemas de ese día, y recordé que la sencillez y belleza de la flor, es porque ella depende de Dios, así que, desde ese día decidí depender totalmente de ÉL.
