Afuera
vuela una mariposa
suelta de cualquier
intención...
ajena o propia.
Su ritmo rebosa coraje
sus alas rozan la luz
y los rayos del sol
viran y
se contienen
para no colisionar
sus colores sino
desafilar los contornos
del cuerpo
en movimiento.
Se cruza en vuelo
rasante
por los cristales de
nuestra ventana…
Allí
dentro
contamos los pasos
a seguir
que habíamos planeado
repasamos mapas
e
instrucciones...
algo no va como debe ser,
el tiempo empezó
a sentirse
entre los dos
y que esa idea
se acomode a nosotros
nos incomoda.
Mientras
las alas
de ese destello de
vida
aún pueden verse
por el cristal,
allí afuera,
nosotros partimos
y no
por el mismo camino,
dejando atrás el
mejor plan
ahogado en el
intervalo de tiempo
más brusco.
La mariposa voló
también lejos
y el sol la abrazó con
perlas doradas y
rayos uniformes
y no se dijeron nada
y nunca fue tarde
para ellos dos.
