Descubrí el nombre de mi ángel cuando te conocí:
Nancy, nombre que ya llevo tatuado en todo mi ser.
Ya no tengo nada que buscar ni nada que esperar;
el viento acaricia mi rostro y tu mirada me acaricia el
alma;
el sol me da calor para vivir y tu amor da vida y calor
a mi corazón.
Ya no existe frío, ya no existe desesperanza,
ya no existe miedo y ya no existe olvido:
tu amor es mi cielo y mi gloria idealizada;
tu tierno cuerpo es el santuario bendito
en el que quiero depositar todo mi caudal amatorio
y toda la razón de mi pasión desenfrenada…
Hermosos campos dorados…
deliciosas colinas rosadas, suaves y perfumadas…
dulces y acogedores arroyuelos que calman mi sed…
delicadas y tibias hondonadas que me invitan a quedarme…
plácidos bosques de setos perfectamente podados,
íntimos, generosos, límpidos…
Ya no existe la distancia y ya no existe el tiempo
entre tú y yo:
ahora somos una singularidad en consonancia perfecta
con el universo infinito.
