Mis ojos se cruzan con los tuyos y se dicen todo, todo lo que algún día deberíamos habernos dicho, pero quedó ahogado en el silencio de la timidez.
Ha pasado mucho tiempo pero te veo, sigo viendo aquel niño travieso y divertido que todo lo resolvía con gracia. ¿Cuantas veces habré reído? Perdí la cuenta, solo se que fui lo suficientemente feliz como para saber que eras el hombre de mi vida, que marcaría mi vida en silencio.
Te perdí por tonta. Te amaba, eras mi ser, mi todo, pero nunca te lo hice saber. Pensaban que éramos niños jugando al amor.
Hoy, hoy quisiera que estés a mi lado... pero te fuiste y te llevaste mi corazón, alma y felicidad con vos. Te recordé cada día, cada noche, cada segundo.
¿Podría olvidarte? Jamás ni tampoco querría. Sos parte de mi vida. Sos un dulce tormento que me hizo feliz.
Quisiera correr, abrazarte y no soltarte nunca más. Decirte lo mucho que te amo y nunca te olvidé. Pero... la cobardía me pudo una vez más, me jugó una mala pasada.
Se que sentís lo mismo, lo veo en tu mirada. Ninguno dice nada ni un solo gesto. La nostalgia se apoderó de nosotros. El tiempo se paró... y ahí lo supe... no voy a perder la oportunidad otra vez, ¡no voy a perderte!
En un abrir y cerrar de ojos estabas al frente mío. Me sonreíste de forma sincera. ¡Como te he extrañado! Tu cuerpo no es el mismo, es el de un hombre. Tu mano se posa en mi mejilla y pude sentir que sos todo lo que quiero... me susurraste al oído: te amo.
Entre sonrojos y lágrimas te dije todo... quiero pasar el resto de mi vida junto a vos.
