En días previos a esta
bendita alegría,
yo lloraba mucho, sumida
en la melancolía.
En las horas previas, sin saber
que venías, quise desangrar
mis venas, y morir cual paloma,
derribada por el desamor
y por el abandono.
Quizás, si hubiese sabido
que a mi vida llegarías,
no hubiera hecho tanto alboroto
rogando una caricia esquiva.
Pero, llegaste tú, estando
justo en el precipicio
a punto de arrojar mis
huesos, a punto de
abandonar la vida.
Estando harta de ver
cómo en mis ojos llovía,
saturada de incomprensión,
asqueada de lo superficial
de la gente.
En horas previas, cuando
sufría, hubiese obviado
la pena, sabiendo que tú...
vendrías.
