En el silencio escucho tu voz y voy, pero después de buscarte y no encontrarte me doy cuenta que son susurros de mi alma que gritan desesperadamente... buscando el cobijo de tus brazos, esperando que mitigen el frío. Ese frío que otorga la soledad.
Un frío que cimbra hasta al hombre mas corpulento. Ese hombre que más allá de todo, cree poseer el poder para derrotar cualquier adversario. Cualquier imperio. Sin darse cuenta que se refugia en la soledad... en la soledad de la noche. En la obscuridad. Ese hombre que en la obscuridad se enconde porque tiene miedo a la soledad.
