¿Y cuántas veces te pedí perdón? ¿Y cuántas más me perdonaste? Intenté detenerme pero llegamos a un punto en el que me costó trabajo no lastimarte, no gritarte, no ignorarte.
Jamás creí siquiera poder hacerte algo así, a ti, el amor de mi vida, la dueña de mi corazón y pensamiento. Pero lo hice, y al transformarme en esa persona tan cruel, me di cuenta de que ya no era yo, era como verme delante del espejo y el sujeto del otro lado, el que estaba encerrado en el espejo era yo. Dejé que la frustración y las tonterías derrumbaran mi vocación, mi devoción, mi amor.
Tanto llanto en ti me hizo romper en culpa y azoté mis ideas, de pronto me vi fuera del espejo, arrepentido, asustado por lo que te hice.
Te vi empacando en una lluvia de llanto y lamentos, quise entrar y tratar de cambiar pero al mirar mi reflejo, vi el horror en el que me había convertido, y en tu reflejo vi el dolor al que te había sometido.
Me rompí en mil pedazos ese día pero antes de caer, te sonreí, y sin más palabras te dejé ir. Ese día volví solo para sonreírte, pues ya no habría más amor para conseguirte.
