Tus labios destilan néctar, miel y leche…
tus labios son, justamente, como un hilo escarlata
y tu hablar es ameno.
Tu cuello es como la torre de David,
edificada en series de piedras;
tus dos pechos son como dos crías,
gemelos de gacela
que están apacentándose entre los lirios.
Hasta que respire el día y hayan huido las sombras,
proseguiré a la montaña de mirra y a la colina de olíbano.
Eres del todo hermosa, oh!, compañera mía
y no hay defecto en ti;
has hecho latir mi corazón,
has hecho latir mi corazón con uno de tus ojos,
con un colgante de tu collar.
¡Qué hermosas son tus expresiones de cariño!
¡Cuánto mejores son tus expresiones de cariño
que el vino,
y la fragancia de tus aceites, que toda suerte de perfumes!
Y la fragancia de tus prendas de vestir es como la
fragancia del Líbano.
Un jardín cerrado con barras es mi novia…
un manantial sellado.
Tu piel es un paraíso de granados con los frutos
más selectos,
alheñas junto con nardos;
nardo y azafrán, caña aromática y canela,
junto con toda suerte de árboles de olíbano,
mirra y áloes, junto con todos los perfumes más
finos;
un manantial de jardines,
un pozo de agua dulce
y arroyos que fluyen suavemente…
Autor: Salomón (Fragmento de “El cantar de los cantares”)
