El viento invernal soplaba con fuerza esa mañana en el campo, el intenso frío hería mi piel y el aire revolvía mi pelo sobre mi rostro obstruyendo mi visibilidad, lo recogí dentro de la gorra y continué caminando, buscando alguna imagen bella de las que generosamente me regala la naturaleza aún en invierno... y de repente la vi, de la nada me salió al paso; revoloteaba frente a mi, inquieta, como tratando de decirme algo.
Se posaba de hoja en hoja y yo solo la observaba, me movía y comenzaba a revolotear a mi alrededor. Increíblemente, en un momento dado, se fue a posar por un instante en la lente de mi cámara para enseguida posarse en lo que hasta hace unos días era una hermosa y rozagante flor de tonalidades blancas y plateadas. De ahí no se movió a pesar de que el viento invernal luchaba por llevársela y ella a pesar de su fragilidad, soportaba aferrándose con sus patitas y con sus alas, parecía pedirme que me apresurara a tomarle una fotografía, parecía decirme que no soportaría más tiempo... tal vez quería dejar una huella de su paso por este mundo al que llegó para alegrar con toda su belleza y toda su gracia.
Su vida dura lo que dura la fragilidad de un instante y sin embargo, es de más provecho que la de nosotros los humanos que nos dedicamos a destruir su entorno y el nuestro.
Mientras tomaba las fotos se me formó un nudo en la garganta al ver como luchaba contra el viento, aguantando, resistiendo todo lo que sus fuerzas le permitían. Al terminar bajé la cámara y ella se alejó, se dejó llevar cual hoja de árbol que el invierno ha secado y que el viento arrancó para hacer volar a su antojo.
Creo que era la última mariposa de la temporada, esta mañana he salido con la cámara y no vi una sola, tampoco vi una sola flor, todavía, el día de ayer vi algunas con uno que otro pétalo que se resistían a caer, pero en su lucha contra el viento, éste fue quien pudo más.
Lo que queda de esas flores, pronto serán semillas que el viento esparcirá en la tierra y que la lluvia y el sol de primavera ayudarán a germinar para dar vida a nuevas flores que serán visitadas por cientos de nuevas mariposas, el ciclo se habrá cumplido...
Hoy, yo cumplo con la promesa que le hice en silencio y desde el fondo de mi corazón, quizás no sobrevivió al frío de esa noche, no lo sé, creo con profundo pesar que no ¡pero esta aquí, inmortalizada en mis fotografías!
Hoy mis mariposas ya no están, se han ido, su corta vida terminó, pero en algún lugar, en algún refugio, están algunos huevecillos esperando por el calorcito de primavera para volver a renacer en pequeñas oruguitas que un día se transformarán en mariposas de alas frágiles pero a la vez muy fuertes, capaces de soportar cualquier vendaval. Mientras tanto, esperaré por ellas pacientemente hasta la siguiente temporada...
¡Hasta pronto mis bellas mariposas! ¡modelos de mis mas hermosas fotografías! ¡Gracias!