Hola extraño, ¿me recuerdas?
Soy quien solía jugar con tus miedos.
¿Aún no me recuerdas?
Vamos, sé que me descubriste bajo las tinieblas.
De acuerdo, destapa las botellas, te espero en el sótano.
Ahí podríamos crear nuestra alcoba,
pero detenme si me pongo roja, no deseo tropezar.
Aunque lo haría en tus brazos, una vez más.
¿Después podríamos bailar?
Solo tú puedes tararear sin respirar,
tomar de mis manos y elevarnos hacia las estrellas,
quizás solo una vez más.
Te invito a despeinarnos así quizás,
podríamos recordarnos.
