Con su rostro precioso me mira la diosa,
hilvanando entre cejas su ira de enojos,
ella sabe que carga en su efigie preciosa
el manjar delicioso de todos mis antojos.
Y me miran sus ojos de ninfa enojada,
con aires absurdos de odio y de ironía;
como si al mirarme, oculta en la mirada
transitase por su alma el alma mía.
No tema mi ángel si cruza algún día
en lo íntimo de sus entrañas la tristeza;
pues será siempre la sublime musa mía
su estandarte de humildad y de nobleza.
¡Qué misterio tan inmenso tienen sus labios,
qué dulzura instila en su boca de cereza;
si en sus besos mueren todos mis agravios
y en su regazo siento que la vida empieza!
Y me miran sus ojos de estrella luminosa,
con aires absurdos de odio y de ironía;
mas sé que al mirarme perfuma una rosa,
y abraza en su alma la existencia mía...
Si un día cualquiera me sorprende
La parca inexorable
Y de mi existencia sólo quedasen
Las huellas de los pasos,
Abres el testamento auténtico
De mi amor inconfesable,
Y sabrás las horas eternas
Que dormiste entre mis brazos.
