Sentada, sin aliento, observo al cielo salpicado de estrellas, todas parecen tener par, excepto una, una hermosa estrella brillante, enorme y de un color vivo, rodeada de un aura brillante, cegadora; la estrella más hermosa no tiene un par, le pregunto:
¿Siendo la más bella de todas, dime, porque estás sola?
Escuche una voz, una armoniosa y dulce voz que me decía con mucha delicadeza entre susurros:
No estoy sola, jamás lo he estado, el sol va conmigo a todos lados, y yo le seguiré hasta el final de mis días.
