Cuando estamos en soledad aprendemos que no hay que temerle. Es la magia que Dios nos permite para conocer mejor nuestros errores, defectos y virtudes. Suele ser que hay algo que cada quien de sí mismo(a) no conocía, pero cuando no sabemos conducirlo nadie nos lastima mas que nosotro(a)s mismo(a)s, y pensamos que alguien mas nos esta dañando. Pero en realidad somos quienes debemos ser responsables de lo que nos sucede y no poner a otras personas en el banquillo de los acusados y juzgando por nuestros errores.
