Y murió, de amor,
consumido, desdichado,
impuso razón al alma
y suicidio al corazón,
como vivo cadáver
que camina aquesta senda.
Y retornó la vista,
atrás, al amargo camino
¡Oh, sol que iluminaba
tan triste viaje
que emprendió
sabiendo perdido!
Eran ojos miel y caramelo,
color de sol ocaso,
eran hebras de tierra deseada,
era de oro escondido.
Era estrella guía el brillo
que de su sonrisa desprendía,
era así la música, melodía.
Y amaba ser el aire
que a su alrededor danzaba,
escondía entre las sombras
su dolido corazón,
subyugada voluntad
a un mísero suspiro.
Y posaba los labios en la rosa
para así besar su piel,
acudía presto al alba
para verla despertar,
y, en la noche,
cielo poblado de dulces lágrimas,
vela para ella
el sueño de su libertad.
Se hace libre en deceso,
se abre el pecho
y entrega, latente,
alma, cuerpo y mente,
y así muere por un beso.
Y en la oscuridad descansa,
y en la noche por fin ríe,
que tiene la rosa a su vera,
he aquí que la vida irrumpe,
sabedora del sino,
valiente y orgullosa,
convierte el amor en polvo
y lo barre de un suspiro.
