Labios más dulces que la miel,
sonrisa seductora, de diosa,
andar de ángel con adornos de oropel,
corazón de esmeralda de transparencia virtuosa.
Es Nancy, mi dulce mujer amada,
más bella que las caléndulas y las flores,
mi hermoso sueño, de suave piel dorada,
dueña de todos mis anhelos y todos mis amores.
Si la ves, pierdes la razón y te enamoras;
cuídate de la influencia de su voz y su mirada:
puedes perder la mitad de tu ser y tus cualidades motoras,
quedando tu alma irremediablemente enganchada.
Pero yo la conozco bien: es noble e intensamente humana,
soñadora, alegre, incansable; no te quepa duda.
Cuando se entrega, se entrega sin condiciones, sin mañana,
y renuncias a todo por su amor, sin pensarlo, cual Buda.
Cuando me contemplo en sus ojos, no hay sufrimiento;
no hay pasado, no hay ayer; no pienso en el futuro;
sólo queda el presente, el hoy, el pleno convencimiento
de querer estar con ella: satisfacción total y amor puro.
Amor sin medida, entrega desinteresada, coincidencia total;
su amor me envenena, me mata y me da vida.
Ya no tengo que esperar en la línea; ningún otro final:
eres la mujer de mis sueños, mi mujer ideal, mi bebida preferida.
