Debí entenderte cuando me decía,
que esa dama, no me amaría,
era distante, lejana, sin alegría.
Si, acaso, a veces me quería,
Era… porque de mí se compadecía.
Debí entender que no era yo,
quien despertaba su cariño,
saber, que fue vano
enamorarme a primera mano.
Debí, alma mía,
ponerte más atención,
opacar lo que sentía
este atolondrado corazón.
Gracias, mil veces gracias,
por dejar a cuestas mis dolencias.
Creyendo haber matado mis ilusiones,
te quedaste, con las tuyas arruinadas.
