Amo la profundidad y el brillo de tu mirada
porque en ella veo la pureza de tu alma
y tu capacidad de amar:
personificación exacta de Afrodita.
Amo el café de tus ojos, con toda su expresión y su viveza:
mi café favorito, más deliciosos que el café de Colombia;
amo la hermosa simetría de tu rostro,
en perfecta armonía con tu cuerpo,
más hermoso que el de Hera.
Amo el cobre de tu cabello,
más bello que un atardecer en Durango
y más tentador que el de Atenea;
amo la delicadeza de tus cejas,
más hermosas que las de Helena,
regalo perfecto de la naturaleza.
Amo la delicadeza de tus labios, con toda la miel
que me prodigas cuando me sonríes,
cuando me besas y cuando me llamas “amor”:
más apasionada que Ariadna.
Amo las perlas de tus dientes,
sinfonía visible para mis ojos, cual partitura
para ser tocada por mi lengua a piacere;
amo la blancura de tu cuello,
más frágil y hermoso que el de Penélope.
Amo la redondez y textura de tus pechos,
que se endurecen cuando los toco con somma passione;
amo la suave curvatura de tu vientre,
que me atrapa con lujuria cuando te acaricio
delicatamente in crescendo.
Amo la fragilidad de tus manos de dedos largos
cuando me acaricias, stringendo mis manos:
tempo giusto para hacerme soñar y volar,
produciendo un vibrato velocissimo en mi
corazón enamorado.
Amo tus piernas largas,
más bellas y esbeltas que columnas jónicas,
formando un conjunto en acorde dolcissimo
que me invita a acariciarlas en pressant,
apurándome a llegar prestissimo a tu intimidad en flor.
