Deberías haberme advertido que sentiría tanto frio, que los huesos sentirían quebrarse a cada respiro desgraciadamente todos los días al despertar reviso la cama que solía compartir contigo pero como todos los rincones sigue vacío.
Es difícil hacer entender a dos niños que su padre no volverá a sentarse en nuestra mesa, ni a besar sus mejillas cada noche, ellos siempre te esperan. Lo que no me dijiste cuando partiste fue en que me equivoqué ¿acaso fue que mis pálidos labios fueron reemplazados por unos más rojos y frescos? O un vientre plano y unos ojos llenos de vida que te encanta observar cada madrugada o fue la tan agradable sensación de unas manos suaves que ahora se deslizan por tu espalda. Sabes de mi parte prefiero el descolorido sabor de mis besos porque su color fue desgastado en despedirte cada mañana que salías de casa, a curar pequeños rasponsitos en las rodillas de nuestros hijos y eso no te importo.
Mi vientre lleno de cicatrices no lo cambiaría pues ahí mantuve 9 meses a nuestros frutos de amor. Aquella fría noche mis ojos perdieron el brillo cuando te fuiste y es que en casa todos te echan de menos, pero para mi suerte o para tu desgracia tampoco me dijiste que jamás regresarías.
