Volaste sin tocar mi suelo, con tus alas de mujer celestial.
Sobre y, entre las vueltas grabadas en las calles sin salida.
Quemaste con tu mirada secreta, la alharaca que en mi boca se calcó.
Que guardaba en las palabras más, y ni una cosa más, que amor.
Y fuera de mí, la escuchabas ocultándote, sola, lejos de mí…
De repente te pienso, a diario de repente te imagino.
Suenan los estruendos, cerca de donde viene la imagen de tu cuerpo
En su sonido altanero, calla la tormenta al mundo mío y te pide,
Entusiasta del miedo, para mi alma solitaria, seas el espíritu.
La grandeza tuya, supuesta en mis ojos ciegos
Es dueña del vacilar, en el rutinario caminar.
Del amargo, del triste, del horrible yo.
Boto el silencio y añoro tus labios…
Como si fuera lo último en la solitaria inmensidad.
Llamándote desde adentro del sueño
En respuesta escucho el susurro frágil y tierno,
De la dulce, de la risueña, de la horrible tú.
Te quise, supondré mañana.
¡Me quiso! Supondrás también.
Durmiendo con una rosa marchita.
O con una persona sin alma al lado…
Pero solos estaremos;
Por los horribles nosotros
Tan solos;
Por lo horrible que somos.
