Los muertos hablaron
abrieron sus ataúdes
y sin temor se levantaron.
El silencio los mató por dentro
estando muertos por fuera.
El silencio no era el cielo
más bien era la hoguera.
Ahora expresan sus sentimientos;
sus angustias e ideas.
No tienen miedo al verdugo,
son libres de tinieblas.
El camposanto ya no existe,
los muertos se han levantado.
El verdugo ahora es el suelo
y el pie el humillado.
