Si las reglas del juego eran no enamorarse, pues, falté.
Porque me enamoré.
Me enamoré de ti, de tu olor, de tu amargura, de tu advertencia que no me enamorara de ti.
Me enamoré de ti aunque te diga que no, aunque te diga que estoy jugando limpio, estoy faltando las reglas de no enamorarnos.
Me enamoré solo, eso lo se. Y te doy todo lo que tengo aunque a veces no lo quieras.
